Una vez que el practicante ha escrito su pregunta en el diario rúnico y ha abierto el espacio interior para la lectura, llega el momento de extraer la runa. Con la mano izquierda —la mano asociada a la intuición y a la recepción— se introduce suavemente la mano en la bolsa rúnica y se comienzan a mover las runas con calma. No se trata de elegir con la mente, sino de sentir: cada pieza se toca como una posibilidad, como una energía que espera ser reconocida, hasta que una de ellas genera una pequeña resonancia interior, un “sí” silencioso que invita a tomarla.
La runa se retira con atención y se coloca frente al practicante, en posición vertical y boca abajo, evitando mirar su símbolo de inmediato. Se respeta la orientación en que salió —derecha o invertida— y se ubica según la tirada que se esté usando. Si la lectura requiere más de una runa, el proceso se repite del mismo modo: una a una, sin apuro y sin expectativas, permitiendo que el símbolo se revele en su propio orden. Cada extracción es un gesto de apertura, un momento de conexión entre quien consulta y el mensaje que está por aparecer.